Sentido de la púa al arpegiar: cómo elegirlo

Cuando tocamos acordes con púa, y tenemos que elegir el sentido de la púa al arpegiar, tarde o temprano aparece la duda:

¿Esta cuerda la toco hacia arriba o hacia abajo?

Puedes memorizar una secuencia completa de golpes. Abajo, arriba, abajo, abajo… Además, en cuanto el arpegio repite una cuerda, contiene una pausa o modifica su recorrido, el patrón que habías memorizado se complica.

Por eso utilizo un criterio clave, que luego se puede adaptar:

El sentido de la púa en una cuerda depende de la siguiente cuerda que tienes que tocar.

Es decir:

  • Si la siguiente cuerda está arriba, atacas hacia arriba la cuerda actual.
  • Si la siguiente cuerda está abajo, atacas hacia abajo la cuerda actual.

No estamos observando solamente la nota que estamos tocando. Estamos preparando el movimiento que viene después.

En el vídeo aplico este criterio a la introducción de «Coming Home», de Scorpions, y utilizo «Hells Bells», de AC/DC, para explicar el «sistema ciempiés».

La siguiente cuerda manda

La idea es sencilla: evitar que la púa tenga que deshacer el camino que acaba de recorrer.

  • Si después de tocar una cuerda tienes que desplazarte hacia las cuerdas graves, atacarla hacia arriba deja la púa orientada en esa dirección.
  • Si vas hacia las cuerdas agudas, sucede lo contrario: un golpe hacia abajo acompaña el recorrido que debe continuar la mano.
Esquema para elegir el sentido de la púa al arpegiar según la posición de la siguiente cuerda.
El golpe de púa prepara el desplazamiento hacia la siguiente cuerda

Imagina que atacas hacia abajo una cuerda y, justo después, tienes que tocar la que está encima. Primero deberás volver a subir para alcanzarla. Has realizado un movimiento adicional que quizá no necesitabas.

Esto no significa que exista una combinación obligatoria para todos los arpegios. Significa que, antes de elegir el sentido de un golpe, conviene mirar hacia dónde continúa el recorrido.

Hace tiempo expliqué la base de este sistema en «Púa especial para arpegiar». Allí lo llamé Híbrida Alterna y utilicé otros ejemplos para mostrar cómo funciona.

Pero los arpegios de las canciones no siempre son tan regulares.

Y ahí empieza lo divertido.

Cómo elegir el sentido de la púa al arpegiar en «Coming Home»

La introducción de «Coming Home», de Scorpions, me sirve para estudiar varias situaciones que complican la decisión.

No voy a convertir este artículo en un tutorial completo de la canción. Lo que me interesa es utilizarla para observar qué hace la púa cuando el recorrido no consiste simplemente en subir y bajar por las cuerdas de manera uniforme.

Porque una cosa es comprender la regla sobre el papel y otra encontrarte con una cuerda que se repite, una pausa rítmica o una ruptura del arpegio.

Cuando una cuerda se toca varias veces

Si una misma cuerda aparece dos o tres veces seguidas, ya no basta con mirar únicamente la siguiente cuerda distinta.

Hay que estudiar la pequeña secuencia completa.

El último ataque sobre la cuerda repetida puede elegirse pensando en la cuerda hacia la que vas a desplazarte después. Los golpes anteriores, en cambio, deben organizarse para que esa repetición resulte cómoda, mantenga el ritmo y no te obligue a hacer movimientos extraños.

No hay que decidir cada golpe como si fuese una nota aislada:

hay que observar cómo se encadenan todos los golpes hasta llegar a la siguiente cuerda.

En «Coming Home» aparecen varias repeticiones de este tipo. La combinación que utilizo es la que me permite llegar de forma natural a la cuerda siguiente, pero eso no la convierte automáticamente en la única posibilidad válida.

Tienes que tocar el fragmento, observar qué hace tu mano y comprobar qué opción puedes repetir con limpieza.

Las pausas también forman parte del movimiento

Una pausa no es un agujero en el que no sucede nada.

Aunque durante ese espacio no toques una nota, dispones de tiempo para recolocar la púa y preparar el siguiente ataque.

En uno de los pasajes de «Coming Home», la repetición de una cuerda coincide con la pausa rítmica que genera una nota larga. Esa pausa hace posible un movimiento que, tocado todo de manera continua, podría resultar menos natural.

Por eso, para elegir el sentido de la púa al arpegiar, también tenemos que observar el ritmo.

Las notas indican qué cuerdas debemos tocar. Pero el ritmo determina cuánto tiempo tenemos para movernos adecuadamente entre ellas.

Cuando conviene romper el patrón

También puede suceder que el arpegio interrumpa su recorrido para enlazar con el acorde siguiente.

En ese momento no tiene sentido continuar mecánicamente un patrón que la propia música acaba de romper.

La púa debe adaptarse a lo que realmente suena, no a la figura completa que tú esperabas tocar.

Esto obliga a estudiar el pasaje tal como es. No como debería ser según un ejercicio simétrico, sino como aparece dentro de la canción.

Ahí está una de las diferencias entre practicar una técnica de manera aislada y utilizarla para tocar música.

Pensar demasiado también puede hacerte dudar

Hay otro problema bastante curioso.

A veces sabemos que dentro de unas notas aparecerá un golpe poco habitual. Una de esas excepciones que necesitamos pensar conscientemente.

Nos concentramos tanto en esa nota que empezamos a anticiparla demasiado pronto.

Y entonces dudamos en una nota anterior que, si no estuviésemos pensando tanto, tocaríamos correctamente de manera natural.

Eso es exactamente lo que me sucede en uno de los fragmentos del vídeo. Mi cabeza ya está pendiente del golpe que rompe el recorrido y se salta mentalmente el paso anterior.

La solución no consiste en pensar cada vez más deprisa.

Consiste en no adelantarse más de lo necesario.

Debes saber hacia dónde continúa la púa, pero sin intentar ejecutar mentalmente siete movimientos a la vez.

Primero una nota.
Después la siguiente.

Anticipar no significa precipitarse.

No busques un patrón que funcione siempre

Este criterio sirve para tomar decisiones, no para dejar de tomarlas.

No convierte todos los arpegios en una fórmula automática ni elimina la necesidad de estudiar el pasaje.

En algunas situaciones te funcionará mejor mantener varios golpes en la misma dirección. En otras, alternarlos. Una pausa puede facilitar el cambio. Una repetición puede modificarlo. El acorde siguiente puede hacer que una digitación resulte más lógica que otra.

Por eso conviene preguntarse:

  • ¿Hacia qué cuerda tengo que moverme?
  • ¿Hay una repetición antes del cambio?
  • ¿Dispongo de una pausa?
  • ¿El arpegio continúa entero o se interrumpe?
  • ¿Puedo repetir el movimiento sin tensión y sin perder el ritmo?

La mejor solución no siempre es la que parece más perfecta sobre el papel.

Es la que te permite tocar el pasaje con naturalidad, precisión y continuidad.

El «sistema ciempiés»

La misma forma de pensar puede aplicarse a la mano que construye los acordes:

Cómo colocas y mueves los dedos de la mano izquierda afecta directamente a la limpieza del arpegio que ejecutas con la púa.

A veces intentamos colocar todos los dedos al mismo tiempo, aunque el arpegio no necesite todavía el acorde completo.

Lo llamo «sistema ciempiés», y consiste en colocarlos progresivamente, según van llegando las cuerdas que deben sonar.

En el vídeo lo muestro con la introducción de «Hells Bells», de AC/DC.

El procedimiento es este:

  1. Colocas primero los dedos necesarios para las notas que van a sonar inmediatamente.
  2. Empiezas a tocar.
  3. Mientras el arpegio continúa, incorporas los demás dedos.
  4. Preparas la digitación teniendo en cuenta el acorde que viene después.

No se trata de colocar los dedos tarde. Se trata de aprovechar el tiempo real que la música pone a tu disposición.

Formar el acorde desde las cuerdas graves

Por esta razón suelo aconsejar a los principiantes que aprendan a construir ciertos acordes empezando por las cuerdas graves, siempre que la música también comience por ellas.

Si lo primero que debe sonar es el bajo del acorde, esa nota tiene prioridad.

Aunque todavía no hayas completado toda la postura, puedes empezar el arpegio a tiempo y terminar de colocar los dedos antes de que lleguen las siguientes cuerdas.

Es preferible que la primera nota suene cuando corresponde que tener todo el acorde colocado medio segundo después.

Naturalmente, esto no sirve en cualquier situación. Si todas las notas del acorde deben sonar simultáneamente, habrá que colocar la postura completa antes de atacarlo.

El sistema ciempiés funciona cuando el recorrido del arpegio nos concede ese margen.

La digitación depende de lo que viene después

La forma más cómoda de construir un acorde tampoco depende únicamente del acorde presente.

Puede cambiar según la postura desde la que llegas o el acorde hacia el que vas.

Una digitación que parece muy cómoda de manera aislada puede obligarte después a levantar toda la mano y recolocarla. Otra, aparentemente menos evidente, puede dejar uno o dos dedos preparados para el siguiente cambio.

De nuevo, la decisión no se toma mirando solamente lo que estás tocando….

La púa y los dedos se preparan para continuar

Elegir el sentido de la púa al arpegiar y aplicar el sistema ciempiés parten de la misma observación:

no tocamos una sucesión de posiciones aisladas. Tocamos un recorrido.

La púa se prepara para alcanzar la siguiente cuerda.

Los dedos se colocan según el orden en que las notas deben aparecer.

Y ambas manos se organizan teniendo en cuenta lo que viene después, sin convertir ese «después» en una preocupación que nos haga tropezar en la nota que toca.

No necesitas memorizar una solución única y perfecta.

Necesitas observar el pasaje, probar movimientos y descubrir cuál te permite tocarlo con menos esfuerzo y mayor pilcritud.

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