Reconectar con el Placer de Tocar la Guitarra: del Bloqueo al Juego
Reconectar con el placer de tocar la guitarra puede ser necesario cuando llega una temporada en la que sentimos que no avanzamos. Incluso podemos tener la sensación de que tocamos peor que antes.
Esto puede ocurrir aunque sigamos disfrutando de la música, tengamos conocimientos suficientes y llevemos años tocando.
De repente, la práctica se vuelve pesada, los errores molestan más de la cuenta y aquello que antes nos producía curiosidad empieza a parecer una obligación.
Entonces surge una pregunta bastante lógica:
¿Qué ha pasado con el placer de tocar la guitarra?
No siempre hay una única respuesta. A veces existe un problema técnico concreto. Otras estamos practicando sin una dirección clara.
Y, en determinadas ocasiones, simplemente hemos convertido cada sesión con la guitarra en una prueba para comprobar si estamos mejorando.
Vamos a intentar poner un poco de orden.

Del Bloqueo al Juego
Sentir que has llegado a un punto de estancamiento no significa necesariamente que hayas dejado de aprender.
Según vamos mejorando también somos capaces de percibir cosas que antes ni siquiera escuchábamos.
Un error que hace unos años nos pasaba completamente desapercibido puede parecernos ahora insoportable. Una técnica que considerábamos aceptable empieza a mostrarnos sus limitaciones. Incluso podemos estar trabajando para modificar movimientos o hábitos que llevamos años repitiendo.
Y eso, durante un tiempo, puede hacernos sentir que tocamos peor.
El dilema del Retroceso
Hay retrocesos que son reales.
Si has dejado de tocar durante meses, probablemente hayas perdido parte de tu soltura. Si estás trabajando una técnica nueva, es posible que al principio te resulte más incómoda que la anterior. Si tienes problemas de tensión o postura, también pueden aparecer limitaciones que conviene analizar.
Pero otras veces el supuesto retroceso tiene más que ver con la forma en que estamos midiendo nuestro progreso.
Nos fijamos continuamente en la velocidad, la limpieza, la dificultad de lo que tocamos o la cantidad de material que somos capaces de aprender.
Y dejamos de prestar atención a otras cosas que también están cambiando: nuestro oído, nuestra comprensión musical, el control del ritmo, la capacidad para improvisar, la sensibilidad o simplemente la facilidad para reconocer qué estamos haciendo mal.
No todo progreso se puede medir con un metrónomo.
Si tu problema es que practicas mucho pero no consigues avanzar, puede haber además cuestiones relacionadas con el método, la dirección de la práctica o la falta de feedback.
De eso hablo específicamente en: Por qué puedes practicar mucho y no avanzar con la guitarra.
Ahora quiero detenerme en otra posibilidad.
Cuando mejorar se convierte en demasiada presión
Aprender guitarra implica esfuerzo. Eso no ha cambiado.
Hay cosas que hay que repetir muchas veces. Hay técnicas que requieren paciencia. Hay momentos en los que toca practicar aunque ese ejercicio concreto no sea precisamente el acontecimiento más emocionante del día.
Pero existe una diferencia importante entre esforzarse para aprender algo y convertir cada vez que cogemos la guitarra en un examen.
Si cada sesión tiene que demostrar que somos mejores que ayer, es bastante fácil acabar frustrados.
Porque el progreso musical no funciona así.
Hay días fantásticos.
Y días horrorosos.
A veces pasamos semanas intentando conseguir algo y, cuando aparentemente no ocurre nada, de repente aparece.
O descansamos unos días, volvemos a coger la guitarra y descubrimos que algo que antes costaba ahora sale con más naturalidad.
Esto forma parte del aprendizaje.
Por eso me parece importante diferenciar entre tener objetivos y estar permanentemente pendiente de los resultados.

El Proceso también cuenta
Hace años leí una idea de Scott Adams que me llamó mucho la atención:
«Las metas son para perdedores».
La frase es deliberadamente provocadora, claro.
No significa que no debamos tener objetivos.
Significa que, si toda nuestra satisfacción depende de alcanzar una meta futura, pasamos buena parte del camino sintiendo que todavía no hemos llegado.
Un sistema funciona de otra manera.
Tocas.
Practicas.
Investigas.
Aprendes algo.
Vuelves sobre cosas que ya conoces.
Y el simple hecho de hacer todo eso forma parte del resultado.
Esto, aplicado a la guitarra, me parece especialmente importante.
Podemos tener como objetivo tocar un determinado solo, mejorar nuestra técnica o comprender mejor la Armonía. Pero si durante todo el proceso somos incapaces de disfrutar de lo que estamos haciendo, quizá haya algo que revisar.
Aprender guitarra no debería consistir únicamente en prepararnos para disfrutar de ella algún día.
Las Ventajas de volver a ser Principiante
Ser principiante tiene algunas desventajas evidentes. No sabes hacer casi nada.
Pero también tiene una enorme ventaja:
todo es un descubrimiento.
Recuerdo perfectamente esa sensación.
Aprendes dos acordes y ya puedes hacer algo que ayer no podías hacer. Descubres una escala y empiezas a moverla por el mástil. Encuentras un sonido extraño, no sabes exactamente qué demonios estás haciendo, pero te gusta y sigues investigando.
No existe todavía esa necesidad permanente de demostrar que eres mejor guitarrista.
Simplemente estás descubriendo cosas.
Con los años acumulamos conocimientos, recursos, técnica y experiencia. Pero también podemos acumular expectativas.
Sabemos cómo «deberían» sonar las cosas. Sabemos lo que todavía no sabemos hacer. Conocemos guitarristas que tocan muchísimo mejor que nosotros…
y esto puede provocar muy fácilmente que olvidemos aquella curiosidad inicial.
Recuperar un poco la mentalidad del principiante no significa olvidar lo que sabemos.
Significa utilizarlo para volver a explorar.

Reconectar con el placer de tocar la guitarra
Cuando la guitarra empieza a convertirse exclusivamente en una herramienta para conseguir resultados, creo que merece la pena hacer una pequeña comprobación.
Pregúntate:
¿Hay algo concreto que me esté impidiendo avanzar?
¿O estoy simplemente harto de estar permanentemente intentando avanzar?
No es lo mismo.
En el primer caso quizá necesites revisar tu forma de practicar, corregir algún problema técnico, organizar mejor el estudio o pedir a alguien que observe qué estás haciendo.
En el segundo puede que necesites algo mucho más sencillo:
volver a tocar.
No a estudiar.
No a hacer deberes.
No a demostrar nada.
Tocar.
Punto.
Volver al Juego por el Juego
Aquí aparece una idea que cada vez me parece más importante.
Jugar con la guitarra no significa perder el tiempo.
Y tampoco significa dejar de aprender.
Cuando improvisas sin saber exactamente adónde vas, cambias una nota porque te apetece escuchar qué sucede, inventas un riff, buscas distintas maneras de tocar una misma frase o repites veinte veces una tontería porque te gusta cómo suena, están pasando cosas.
Estás escuchando.
Estás tomando decisiones.
Estás relacionando sonidos.
Estás desarrollando recursos.
Estás aprendiendo.
Solo que no estás aprendiendo de la misma manera que cuando trabajas deliberadamente un ejercicio con un objetivo previamente establecido.
Y esa diferencia puede ser muy importante cuando empiezas a estar cansado de perseguir continuamente resultados.

No hace falta tirar por la borda tu rutina de práctica.
Ni abandonar tus objetivos.
Ni convertirte en un guitarrista zen que contempla la guitarra apoyada en la pared esperando que el conocimiento llegue por ósmosis.
Simplemente puede ser útil recuperar espacios en los que la guitarra vuelva a ser un juguete.
Precisamente sobre esto he preparado otro artículo en el que voy un paso más allá.
No me limito a decirte que juegues.
Te enseño cómo juego yo con la guitarra, con ejemplos reales y un vídeo en el que puedes ver qué hago cuando dejo de perseguir un resultado concreto y empiezo simplemente a investigar.
Coda
Aprender guitarra no es un recorrido lineal.
Habrá épocas en las que tengas ganas de estudiar durante horas y otras en las que no.
Momentos en los que un objetivo te motive muchísimo y otros en los que ese mismo objetivo empiece a pesarte.
No creo que la solución sea abandonar los objetivos ni pensar que la disciplina no importa.
Pero tampoco creo que debamos convertir nuestra relación con la guitarra en una persecución permanente del guitarrista que todavía no somos.
A veces conviene mirar un poco menos hacia delante.
Coger la guitarra… y jugar.
Quizá así recuerdes por qué empezaste a tocarla.

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